Jueves, 9 de abril. Jueves Santo. Vigésimosexto día de Estado de Alarma nacional. Como mínimo, continuaremos hasta el 26 de abril. Pedro Sánchez ha afirmado que probablemente tendrá que pedir, al menos, otra prórroga. La semana que viene volverán a incorporarse al trabajo los trabajadores de sectores no esenciales sin comprobar los resultados del confinamiento que “empezarán a conocerse la semana que viene”. Continúa la improvisación en la crisis más grande de la historia reciente universal. -Lee Somos del tiempo-.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:
– Señor, ¿lavarme los pies tú a mi?
Jesús le replicó:
– Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.
Pedro le dice:
– No me lavaras los pies jamás. Jesús le contestó: – Si no te lavo, no tienes parte conmigo.
Simón Pedro le dice:
– Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.
Jesús le dice:
– Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
– ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.
San Juan 13, 1-15
El Papa Francisco no pudo ir a una cárcel para lavar los pies a doce presos, rememorando el Evangelio de hoy. Jamás sucedió algo semejante en la Ciudad del Vaticano. Aquí, en España, tenemos que remontarnos a 1933, cuando en Sevilla no salieron los pasos a la calle, en medio de las revueltas de la infausta II República. La única vez en todo el siglo XX. La cateta presentadora -¿o quizá no tan cateta?- de las noticias de Antena 3 ha dicho que las procesiones no salieron en 1933 con motivo de la guerra civil. Aún quedaban tres años para el inicio de la contienda fraticida. La realidad es que la inestabilidad social y política, unido a la quema de iglesias, convertían el ambiente anticlerical en un polvorín. La normalidad de la Semana Santa no llegó hasta después de la guerra, pero ya en 1934 pudieron salir algunas hermandades después de la victoria de la CEDA en las elecciones generales. Muchas imágenes no más volverían a salir en procesión por las calles fruto de los hurtos y ser destruidas en 1936.
La casa de los líos
Los políticos han vuelto al Congreso. No todos. Solo unos poquitos. Total, el resto lo único que hace es pulsar al botón que le ordena la dirección del partido. Esos sí que son bots. El espectáculo, de nuevo, ha sido lamentable. Pedro Sánchez, todo hay que decirlo, deja mucho que desear en su oratoria cuando tiene que responder a las preguntas del resto de partidos. Cuando se caen los papeles de los discursos paternalistas “made in” Iván Redondo, se pierde en su chulería, revanchismo y egocentrismo del “yo, mi, me, mi persona”. Y su corbata roja. La de hoy con líneas casi brillantes. Y las risas que le producen las críticas. Es indigno que una persona con tan poca catadura moral esté llevando (o dejándose llevar) los designios de España en un momento tan crítico. No le importan los vivos, como para enlutarse por los muertos.

Los famosos pactos de la Moncloa, que lo único que pretenden salvar el culo a Sánchez implicando a todos los partidos, ha saltado por los aires por el lastre de Lastra. Adriana es capaz vomitar por su boca todo lo que no puede -pero le gustaría decir- el presidente. Y se contradice no puede llegar más allá. Es capaz de criticar a Casado porque critica a su amado líder mientras pide unidad, pero a su vez critica a Casado y Ayuso por la gestión de la Comunidad de Madrid. Sin criterio ni moral. También dice que un partido político -Vox- es inútil (¿e inútiles sus votantes?). ¿Y Bildu? ¿Es útil o inútil? O la perla: “Todo Occidente llegó tarde, pero España llegó antes que todos los países de nuestro entorno”. Mienten desde un lugar sagrado como la tribuna del Congreso de los Diputados. Jamás alguien con tan poca formación y talento llegó tan lejos. Perdón, ahí tenemos a Ábalos, que sigue riéndose con 15.238 muertos oficiales y se ha entretenido en hacer una broma a Lastra como si la fuese a dar dos besos. Sí, Ábalos, el que se reía en los callejones con los patronos de la Fundación del Toro de Lidia, que alardean de meter a un socialista en los callejones. Luego les llama casposos, pero qué más da.
También habría que analizar el lenguaje no verbal de los políticos. Sánchez tocándose la boca continuamente, Lastra subiendo a la tribuna agarrándose al pasamanos para no caerse como ya la pasó, Errejón sujetando el púlpito como si le fuesen a quitar el sitio. Nuestros políticos -los políticos que nos ha tocado sufrir- no son ejemplo para la sociedad. La Era post-COVID va a traer muchos cambios. El único que cumplió con el protocolo es Echenique.

Jueves Santo
El confinamiento en días así es un buen momento para actualizar las películas de Semana Santa que el ajetreo de la normalidad las pasa desapercibidas. Auténticas joyas como Ben-Hur o Rey de Reyes. Hoy, hemos empezado por Barrabás, con un soberbio Anthony Queen. Hay que poner en valor estas grandes producciones, con grandilocuentes escenarios y cientos de figurantes. En Barrabás hay momentos cumbres como las escenas en la mina de azufre o, sobre todo, el magno coliseo romano que representa fielmente los juegos de muerte delante de una muchedumbre enardecida.
Jueves Santo. Noche de Madrugá. Fuera llueve pero no rompe de verdad. Es un llover triste. El cielo, encapotado. El tiempo en casa tiene un son más lento. De añoranzas y recuerdos. Hoy tendríamos que estar procesionando con la cruz desnuda del Nazareno de Cuéllar, en su preciosa y emotiva salida desde el Castillo y su recorrido por San Gil.
El tiempo nos envuelve. Nos creemos que somos dueños de nuestro tiempo, pero nos equivocamos. Nosotros somos del tiempo.
Diario de un Confinado
Diario de un Confinado I. El coronavirus y la igualdad.
Diario de un Confinado II. Lola, Manolo, Litri y una dorada de bandera.
Diario de un Confinado III. Un cajón desastre.
Diario de un Confinado IV. Oda al teletrabajo y al sofrito.
Diario de un Confinado V. La normalidad es un milagro.
Diario de un Confinado VI. Unas cañas virtuales.
Diario de un Confinado VII. Un mitin en prime time.
Diario de un Confinado VIII. Hospital de guerra.
Diario de un Confinado IX. Sin decir adiós.
Diario de un Confinado X. La mandanga del «Caña».
Diario de un Confinado XI. La vida en una enfermería.
Diario de un Confinado XII. Ni una lágrima.
Diario de un Confinado XIII. La primavera no quiere romper.
Diario de un Confinado XIV. La purga.
Diario de un Confinado XV. Madrid te necesita.
Diario de un Confinado XVI. El aplauso de las 19:58.
Diario de un Confinado. XVII. Llover de rabia.
Diario de un Confinado XVIII. Feminismo de oficio.
Diario de un Confinado XIX. La última de la clase.
Diario de un Confinado XX. Viernes de Dolores.
Diario de un Confinado. XXI. Sánchez y el sueño húmedo de El Pardo.
Diario de un Confinado XXII. Domingo sin palmas ni ramos.
Diario de un Confinado XXIII. La Fe de Lola.
Diario de un Confinado XXIV. El poeta marginado.
Diario de un Confinado XXV. La hora de Belmonte.
