pedro sanchez

Diario de un Confinado (XX). Viernes de Dolores

Viernes, 3 de abril. Viernes de Dolores. Viernes de Pasión. Hoy era el día en el que empezaban a desempolvarse las cornetas y los tambores. La túnica, para el Nazareno; los capirotes, para la Esperanza; los estandartes y los cirios estaban listos. La Cruz de Guía marca el camino. La Semana Santa ha sustituido su solemnidad por el luto y el dolor. A lo mejor así vuelve a recuperar todo su sentido. Recogimiento, oración, silencio. Menos capillita de balcón sin ventana y silla de fariseo en La Campana, y más verdad. Saeta con quejío de taranto, de mina y fragua.

Las calles están vacías. Las carreteras, otrora en plena operación salida, guardan el respeto del vigésimo día de Estado de Alarma. Mañana, dicen, se prorrogará hasta el 26. 932 muertos hoy de una curva, dicen, que ha llegado a su pico. Con mil muertos no hay pico que valga. Fuerza, fuerza, fuerza.

 No quería perder la oportunidad de compartir esta imagen. La primera vez que vemos a Pedro Sánchez fuera de su cubículo infectado de Moncloa, de sus ruedas de prensa leídas por cue y de preguntas filtradas y censuradas. El inepto, inepto de verdad, se agarra la mascarilla para que se vea su buen lustre con los guantes, que pueden estar infectados, incluso por dentro de la mascarilla, donde luego pondrá la boca. Estamos en sus manos. Dios nos libre.

Luz, brillo, esperanza

El día amaneció con un brillo especial. Miro por la ventana. La luz irrumpe como si no pasase nada ahí fuera. Es difícil de entender cómo la vida puede zarandearte de un día a otro. De un minuto a otro. De repente. No lo esperas. De 0 a 100. ¿Estará escrito? Nada es azar.

Después de diez días, hoy tuve que salir de casa. Y a qué horita. Qué show. Guantes, mascarilla pero ¿qué es primero? ¿El huevo o la gallina? ¿Qué hay que ponerse primero? ¿Y quitarse? Qué estrés. Lo primero era tirar la basura, de ahí a la farmacia y al supermercado. Lo de la basura ya lo he comentado alguna vez, ese momento de abrir la tapa con un papel para no tocar donde lo hace todo el mundo pero ¿y cuándo la apertura de lo que te da el brazo no es lo suficiente para lo grande de la bolsa? Al final, terminas tocándolo todo y parece un sketch de Pepe Viyuela.

Después llegó el supermercado. Aunque llevo mis guantes (dos pares uno encima del otro), me he puesto los guantes de la frutería también. Pero ahora viene el lío, ¿cómo ustedes son capaces de abrir una bolsita para meter los tomates o los pimientos con los guantes de la fruta puesto? Materialmente imposible. Eramos cuatro tíos como cuatro castillos al lado de las naranjas intentando abrir la bolsa. Si nos han grabado las cámaras de seguridad, quiero el vídeo. Estábamos de premio. La cabeza poniendo ripio agachando la testuz, las manos intentando que se despegase la apertura con mucho empeño. Un trabajador del súper se mondaba de risa. “¿Les digo un truco? Frótense las manos con la bolsa en medio y ya verán cómo se despega y podéis abrirla más fácil”. Mano de santo, pero hay que echarle un rato a cada bolsa. Desesperante. Otro tema es el comportamiento de gente que va al supermercado, con la que está cayendo, para comprar una malla de naranjas, una barra de pan y unos plátanos. Gente mayor sin guantes ni mascarillas. En fin.

La sensación de desprotección cuando estás fuera de casa es angustiosa. La sensación de intentar proteger tu casa cuando llegas de la calle, también es angustiosa. Zapatos fuera en la entrada. La compra, directa al balcón. Luego, producto a producto, una mano de agua con un tapón de lejía. Y cuando, por fin, ves todo por fin colocado, el cuerpo dice basta.

Mientras escribo, a punto de dar las doce de la noche, la música retumba en casa de la vecina. A la loca del coño le ha dado por poner música ratonera desde las seis de la tarde. De vez en cuando se la escucha un gorgorito. Mal que canta la tía pedorra. Quedan 10 minutos para asomarme a su puerta. La gente está tarumba. ¿De verdad que hay ganas en un cuerpo serrano de poner música así con casi 11.000 muertos en lo alto? No entiendo nada.

Hoy, la procesión va por dentro. Viernes de Pasión, Viernes de Esperanza. Viernes de Dolores. Lola.

Diario de un Confinado I. El coronavirus y la igualdad.
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Diario de un Confinado IV. Oda al teletrabajo y al sofrito.
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Diario de un Confinado VI. Unas cañas virtuales.
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Diario de un Confinado X. La mandanga del «Caña».
Diario de un Confinado XI. La vida en una enfermería.
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