Antonio Diaz Cañabate

Diario de un confinado (X). La mandanga del «Caña»

Martes, 24 de marzo. Hoy, ha sido un día especialmente duro. 514 muertos en 24 horas. Terrible. El Palacio de Hielo se ha convertido en la morgue municipal de Madrid. Nadie vela a los muertos. El coronavirus te cercena el derecho a llorar a tu muerto. A despedirte. No se me quita de la cabeza.

Decimotercer día de encierro. Décimo, desde el confinamiento oficial. Cada día va pesando como una losa. La esperanza de seguir bien, de ver a la familia bien, es lo que da más fuerza. Esto lo pasamos. Estamos lejos pero nos sentimos más cerca que nunca.

Quien más está haciendo por mi buen confinamiento es Eva, mi señora. Ni los mensajes de la televisión, ni el miedo a salir.

-Voy a bajar a tirar la basura.
-No hace falta, cojo una bolsa más grande y lo dejamos en la terraza.
-Voy a por pan.
-Tienes pan tostado.
-Hace falta fruta.
-Hacemos un pedido online.
-Pues voy a por tabaco.
-¿Es que vas a empezar a fumar?

No cuela. Y menos mal. Uno está concienciado pero, a veces, el encierro se hace cuesta arriba.

El costumbrismo de Cañabate

Acabo de terminar de leer El periodismo taurino de Antonio Díaz-Cañabate. Crónicas y Artículos”, de Juan Carlos Gil González. La figura del “Caña” me atrae especialmente. En la lista de mis libros de cabecera están, por ejemplo, Historia de una Taberna, La Fábula de Domingo Ortega o Historia de una Tertulia. Tampoco hay que olvidar que trabajó junto a José María de Cossío en la magna obra enciclopédica en aquel despacho de la calle Bravo Murillo y dirigió, tras su fallecimiento, en solitario los tomos V y VI, por expreso deseo de Cossío. La Taberna de Antonio Sánchez, el juego al toro en la Plaza del Progreso, los torerillos que simulaban corridas con un carretón con dos facas afiladas por pitones en El Rastro para chulear delante de las mozas, el merendero de Las Ventas, el Café Lion… Gracias a su estilo costumbrista y su ácida pluma ha dado cuenta del Madrid, los madriles, del segundo tercio del siglo XX. Mejor dicho, el costumbrismo no es un estilo en Cañabate. A Cañabate le corre Madrid por las venas y así lo cuenta.

Su punto agorero de cualquier tiempo pasado siempre fue mejor le da un encanto especial. El encanto del recuerdo que todo lo idealiza. Dentro de Cañabate se encuentran el ilustre cronista de Madrid y el cronista taurino que marcó 14 años -1958 a 1972- de historia en ABC. Escritor de Madrid, de sus rincones, de sus detalles. De sus gentes. El Caña, de Madrid, Madrid, de la calle Alcalá, respiró el ambiente de las tertulias, de trasnochar y levantarse tarde, de licenciar con la intelectualidad de entonces. Hablar y escuchar. Un bohemio.

Antonio Díaz-Cañabate pasó de la tribuna de teatro a la tribuna taurina. Entonces, era habitual que el periodista pagase a través del popular “sobre” su página en el periódico. ABC y Cañabate nunca lo hicieron y así lo pusieron de manifiesto en muchas ocasiones. Si bien es cierto, Cañabate no tiene la enjundia de los grandes cronistas, de hecho, entre Joselito y Juan Belmonte, él prefería a Vicente Pastor, su ídolo de juventud. Pero su gran talento como contador de historias le hizo ser un escritor de cante grande. De su autoría son conceptos célebres y repetidos como el Rincón de Ordóñez o la Mandanga de Paco Camino, de las que se arrepintió una vez retirado de la primera línea. También defendió la integridad por encima todo, la modificación del reglamento, la incorporación de la segunda raya para recuperar la suerte de varas o la denuncia del afeitado que vertebra toda su carrera.

“Paco Camino ha cortado tres orejas y un rabo. Esa fue la opinión del público. Ahora va la mía. A mí no me gustó Paco Camino en ninguno de los toros. Sé que con esto aumento mi fama de crítico destructor, ignorante y qué sé yo cuantas cosas más, que me juego mi cabeza taurina. Pero por nada ni por nadie dejaré de decir lo que creo de verdad, y a cierra ojos estimo que los dos toros de la magnífica raza de Santa Coloma fueron superiores en calidad al toreo de don Francisco Camino”. Como pueden imaginar, Camino fue uno de lo que pidió su cabeza.

El costumbrismo no es más -ni menos- que reflejar lo que nos está pasando. Dejar constancia de lo que vivimos en un momento determinado y encontrar en los pequeños detalles la esencia de nuestra vida. Cañabate vivió y contó. Y comparó la verdad del antes con el fraude del ahora. Me hubiera encantado leer a Antonio Díaz-Cañabate en un momento tan difícil como el actual porque encontraríamos detalles que nos parecen habituales, a los que no prestamos importancia, y que son nuestro fiel reflejo.

Diario de un Confinado I. El coronavirus y la igualdad.
Diario de un Confinado II. Lola, Manolo, Litri y una dorada de bandera.
Diario de un Confinado III. Un cajón desastre.
Diario de un Confinado IV. Oda al teletrabajo y al sofrito.
Diario de un Confinado V. La normalidad es un milagro.
Diario de un Confinado VI. Unas cañas virtuales.
Diario de un Confinado VII. Un mitin en prime time.
Diario de un Confinado VIII. Hospital de guerra.
Diario de un Confinado IX. Sin decir adiós.

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