Normalidad

Diario de un confinado. La normalidad es un milagro

Jueves. Cae un día duro. El coronavirus mata. La televisión solo habla de números. Fernando Simón, también: «El aumento de casos no indica que vayamos mal, sino que nos vamos aproximando al pico máximo”, se ha atrevido a decir hoy en rueda de prensa. ¿No vamos mal? Total, 830 muertos. Un número. Las personas son un pico. Una tabla. Una estadística. Un voto. Pero detrás de cada una de esas 830 personas hay una historia, una familia, amigos. 830, para ti, Simón, ¿qué es? Si total, solo iba a haber algún caso aislado en España, ¿verdad, Simón? El número coge angustia cuando empiezas a ponerle nombre y cara. Y este jueves fue tremendo. -Lee el Diario de un confinado-.

No hay mayor pánico que enfrentarte a un enemigo invisible. Ronda, acecha pero no puedes verlo. Incertidumbre, desconfianza. Terror. Un arma de desmoralización masiva. Una población aterrada es un mundo débil. ¿Objetivo, pues, cumplido? Los que se encargaron de propagar que el coronavirus era como una simple gripe, tendrán su castigo. Los que se encargaron de decir que solo afectaba gravemente a los mayores, mi mayor desprecio.

La semana está pasando realmente rápida. El teletrabajo está teniendo una gran intensidad y eficiencia y las horas pasan volando. El momento de reflexión mientras escribo estas líneas ayudan a poner orden a muchas cosas. A saborear momentos que parecían imposibles después de una semana sin salir de casa. Dicen que una persona tarda 21 días en coger o cambiar un hábito. Probablemente, cuando salgamos ahí fuera, todos hayamos cambiado un poco. Me da miedo que no seamos lo que queremos ser y nos hayamos convertido en lo que otros quieren que seamos. La normalidad será una nueva normalidad. Hoy me mandó mi querido Pedro una frase de su padre que me ha dado mucho que pensar: “La normalidad es un milagro”. Y tanto. Solo nos acordamos de ella cuando la realidad nos sacude. Volveremos a abrazar, a brindar, a aplaudir, a cantar. Somos así. Lo llevamos en nuestro ADN.

Una nueva comunicación: las videollamadas

Las videollamadas se han convertido en la nueva vía de comunicación habitual para estar cerca de los tuyos. Llamadas a dos, tres, cuatro y hasta cinco bandas. Las caras resultan muy chiquititas en el móvil pero lo suficiente como para saber que los tienes cerca. La tecnología está haciendo mucho por el confinamiento. También los memes. Ojo al talento oculto que tenemos en este país. Los hay de todo tipo: el anciano que se desinfecta con DYC para espantar al coronavirus, el del baile para hacer deporte, el truco de la escoba… decenas y decenas que, al menos, nos sacan una sonrisa a lo largo del día.

Hoy, además, era el día del Padre. Quizá por eso se hizo más cuesta arriba. No soy muy partidario de los días señalados. Las cosas hay que demostrarlas todos los días. Un cabrón es un cabrón por mucho que se vista de seda el día de su cumpleaños. Pero la distancia y el tiempo ponen la emoción a flor de piel. La fuerza de un abrazo o de un beso genera energía positiva. Energía que mueve el mundo. Afortunadamente, una videollamada nunca va a sustituir el olor, el tacto, un consejo a tiempo. Para y piensa. Respira. Solo quiero que acabe esto cuanto antes por ellos. Por eso, padre, hoy y siempre, este diario va por ti.

Diario de un Confinado I. El coronavirus y la igualdad.
Diario de un Confinado II. Lola, Manolo, Litri y una dorada de bandera.
Diario de un Confinado III. Un cajón desastre.
Diario de un Confinado IV. Oda al teletrabajo y al sofrito.

Una respuesta a “Diario de un confinado. La normalidad es un milagro”

  1. Gracias hijo. Aunque este confinamiento nos ha pillado separados unas palabras tuyas es el mejor regalo que me puedes hacer. Un fuerte abrazo.

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