Cañas-virtuales

Diario de un confinado. Unas cañas virtuales

Viernes. Faltan camas, faltan recursos. Las UCIs están colapsadas. El sistema está colapsado. El peor escenario ya es una realidad: se está seleccionando a quien salvar. O mejor dicho, atendiendo y dando recursos a quien tiene más posibilidades de sobrevivir. Tremendo. Todas las historias duelen, pero hay alguna que indignan. Y, por desgracia, está siendo más habitual de lo esperado. Hospitales de campaña. Operativa de guerra. ¿Guerra biológica? Quién sabe. Hay un enemigo invisible al que hay que vencer. -Lee Unas cañas virtuales-.

Mil muertos y Fernando Simón sigue a lo suyo. La realidad es que es un títere al que van a quemar. Un mamporrero. Atiendan a la última perla: «No tengo una explicación a lo que está sucediendo en Alemania. No sabemos si es un artificio en la forma en la que contabilizan los casos o si es una realidad como parece ser. No tengo explicación, ni yo ni el resto de países”. ¿Sabes dónde puede estar la explicación? La prevención. Primero, en Alemania no hubo 8M, ni 9M, ni 7M. Segundo, hay laboratorios privados donde la población está yendo a hacerse las pruebas incluso antes de tener síntomas. Se tratan hasta los asintomáticos. Se detecta en los primeros días y no cuando la tos y la fiebre hacen su aparición. Neumonía. Los pulmones afectados. Impotencia. Rabia. Indignación. Nos han dejado solos. Desamparados. Y estamos en las peores manos en que podríamos estar.

Soñar en el futuro

Hoy ha tocado ir a tirar la basura y hacer una compra grande. Voy sin ganas. Da miedo. Guantes y una bufanda hasta los ojos a falta de mascarilla. Llevo un clínex en la mano para abrir la puerta del portal y para abrir el contenedor. En el supermercado, me coloco unos guantes de la fruta encima de los míos. Toda prevención es poca. Fruta, carne, embutido para pasar un tiempo. No sé si volveré a asomar por la calle. La basura puede esperar acumulándose en la terraza. Esto es serio. Y ojo a los envases de los productos. Lo primero, dejé la compra entera en la terraza. Varias horas. Después, con guantes, tiré todos los envases, bolsas, lavé todos los productos. Sigamos.

Otra de las sensaciones del confinamiento son las cañas virtuales. No hay que perder el ánimo. Y en eso, somos pioneros. Una cervecita preparada, un plato con un poco de chorizo y unos picos. Conectamos. Campelo, Maldo Jopi, Peny, Jimena, Irene, Lucía, Álvaro. Y faltaban más. Son gente que ayuda a olvidar un poco la angustia y la incertidumbre. Y ya tenemos el plan postconfinamiento. Soñar con el futuro ayuda a seguir para adelante.

Ahora, la prioridad es vencer al virus. Y al miedo. Las personas no son un número, ni una tendencia, ni una estadística, ni un pico. Tener sentido de Estado, como quieren algunos para evitar las críticas por incompetencia supina, es pensar en tus ciudadanos, es tener precaución extrema, es reforzar los esfuerzos antes de que se necesite. La proporcionalidad, que tanto escuchamos en todos los cargos del gobierno, es ir un paso por detrás. Siempre. Lo estamos comprobando. Ser patriota, como se vanagloria el cínico Iglesias -y mal ciudadano porque debería estar en cuarentena-, es adelantarte para que el pueblo, y los más necesitados, no sufran. Ser patriota es no tener acojonados a los autónomos hasta que tienen que rectificar y ampliar las medidas. Ser patriota es tener contundencia y no temblar la mano a la hora de tomar medidas urgentes. Ser patriotas es no mentir.

Oh, un momento, empieza en La2 La Leyenda del Alcalde de Zalamea, de Mario Camus, con Fernando Fernán Gómez y Paco Rabal. Planazo de viernes noche. Empieza el maratón del fin de semana. Qué Netflix, ni Netflix. Mañana os haré alguna recomendación. ¡Ánimo, adelante y mucho cuidado!

Diario de un Confinado I. El coronavirus y la igualdad.
Diario de un Confinado II. Lola, Manolo, Litri y una dorada de bandera.
Diario de un Confinado III. Un cajón desastre.
Diario de un Confinado IV. Oda al teletrabajo y al sofrito.
Diario de un Confinado V. La normalidad es un milagro.

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