Miércoles, 8 de abril. Miércoles Santo. Vigésimoquinto día desde que se decretó el Estado de Alarma nacional. -Lee La hora de Belmonte-.
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso:
– ¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
– ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
Él contestó:
– ld a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
– Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
– ¿Soy yo acaso, Señor?
Él respondió:
– El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
– ¿Soy yo acaso, Maestro?
Él respondió:
– Tú lo has dicho.
San Mateo 26, 14-25
Por treinta monedas de plata. Ya ven. El Evangelio contiene lecciones que mantienen su vigencia dos mil años después.
Por fin se ha destapado el tema tabú que no para de rondarme la cabeza. Los muertos son personas, no son números. Con nombres y apellidos, con su historia. La portada de El Mundo es un hito periodístico que gana relevancia cuando estamos ante una televisión subvencionada, periodistas del régimen, redes sociales llenas de bots que pretende cambiar estados de opinión y un Gobierno que intenta ocultar y coaccionar a quien se sale del mensaje oficial.
14.555 muertos oficiales. ¿Cuál será la cifra real? Por fin hablan los enterradores, las funerarias y los curas, que tienen mucho que decir en esto. En muchas localidades, el número de enterramientos duplica al de contabilizados por coronavirus. El ministro-filósofo Illa lo dijo bien claro en la rueda de prensa del martes: solo computan como muertos por coronavirus las personas que hayan dado positivo en la prueba. Entonces, ¿qué sucede en los geriátricos que la pandemia ha arrasado sin un mísero test? El informe MOMO, que computa la mortalidad diaria y la media habitual con respecto a años anteriores en un mismo periodo, es bastante evidente.
Este Gobierno tiene mucho de asambleismo universitario, son capaces de hacer lo contrario de lo que dicen y desdecirse al mismo tiempo. Lo preocupante es que lo hacen sin que les cambie el semblante. Primero fue el filósofo que anunció la semana pasada en un desierto Congreso de los Diputados que comenzábamos la fase de estabilización. Muchas voces empezaron a poner fecha al fin del confinamiento. Y ya llevamos dos días al alza. De hecho, la “portavoza” Montero se atrevió a decir ayer que a partir del 26 de abril comenzaríamos a volver a las calles de forma ordenada. El mamporrero de Iceta ha tenido que desdecirla y desautorizarla. ¿Alguna responsabilidad? Ninguna.
La consecuencia de la iluminada ministra la he notado hoy en la calle. Vuelvo a oír por la ventana el ajetreo de coches, niños con sus padres por la calle -cosa que no había visto en las tres semanas de confinamiento-. Ruido. Más jaleo ahí fuera. ¿Qué sucederá cuando se reactive el trabajo no esencial la semana que viene con el virus sin controlar? Amigos, esto va para largo.
El atardecer, a la hora Belmonte
Hoy hace 58 años que se fue Juan Belmonte. Se fue porque quiso irse con la frialdad de un tiro en la sien. El escándalo en Sevilla fue mayúsculo. Al tiempo, los rumores comenzaron a salir de Gómez Cardeña hacia la ciudad de Hispalis.
“Ni amores contrariados, ni absurdos problemas económicos. Juan se ha negado a pararle, aguantarle y mandarle al último toro de su vida: al de la vejez”, le confiesa Andrés Martínez León, a José Pérez Gómez en una carta que recuerda hoy Mundotoro. A Belmonte le aterraba la enfermedad, la muerte agónica que había visto en los ojos de su amigo Julio Camba. Su final fue la rúbrica belmontiana a una vida apasionada que se empezó a terminar el día que Gallito le ganó la partida en Talavera.
En la carta, Martínez León hace una revelación que refleja la mente lúcida de Belmonte. Con frialdad, su final estaba decidido: “Casualmente, pasó por allí el periodista tan conocido tuyo, López Grosso, quien me saludó, extrañado de mi anticipada llegada a Sevilla. Luego, dirigiéndose a Juan, le dijo: ‘Juan, a ver cuándo me da usted una buena noticia taurina para la ‘Hoja del Lunes’. ¡Pero una noticia bomba, que yo me luzca!’ Juan estaba a mi derecha, encogido en su asiento, como si quisiera ocultar la cabeza entre los hombros, y le contestó: ‘Pues quizá mañana… o pasao… le dé una com… completamente bomba’”.
Lo tenía todo previsto. 15 días antes había hecho su testamento y esa misma mañana fue a ver a su novia y la dio un fajo con 450.000 pesetas. “Si no te las pido antes de Semana Santa, quédate con ellas”. Oyó misa y volvió a Gómez Cardeña.
Belmonte no vio salir a la Esperanza de Triana, ni al Cachorro. El 8 de abril de 1952, faltaban siete días para el Domingo de Ramos. Al atardecer, a la hora belmontiana, como la dejó para la posteridad Corrochano, puso fin a su historia.
El suicidio sigue siendo un tema tabú 58 años después. Imagínense entonces. Una persona que se había suicidado no podía ser enterrado en campo santo. No era de buen cristiano. Menudo escándalo hubiese supuesto, por eso, el cura y el juez hicieron la vista gorda y ocultaron los motivos reales que rápidamente trascendieron a la opinión pública. Juan Belmonte se salió de los cánones, y también con la suya, incluso en la muerte.
Anochece un Miércoles Santo. Hoy no deberíamos estar aquí. Nuestro lugar, hoy, está con los nuestros.
Diario de un Confinado
Diario de un Confinado I. El coronavirus y la igualdad.
Diario de un Confinado II. Lola, Manolo, Litri y una dorada de bandera.
Diario de un Confinado III. Un cajón desastre.
Diario de un Confinado IV. Oda al teletrabajo y al sofrito.
Diario de un Confinado V. La normalidad es un milagro.
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