Daniel Luque Valdemorillo

Valdemorillo: El niño de tía Eugenia

La feria de Valdemorillo se nos ha hecho corta. Debut y despedida. Hola y adiós. Ni un qué tal estás, cómo te ha ido el año. La relación del aficionado con Valdemorillo es como la del primo lejano al que solo ves en la “primada” anual, esas reuniones familiares que sirven para ver lo calvo que se está quedando el de tía Eugenia, los kilitos que se pone el de la Pepa, o la nueva novia que trae el de tío Jose, pero esta vez, encima, nos quedamos son postre. O sin el aperitivo que es la novillada. ¿Recortes? Recortadores, perdón. Concurso de recortes, perdón de nuevo. Un complemento, gracias.

Mezclarte con los del lugar tiene algo especial. Hay vida más allá del atasco de las 8 en la A6. Nuestros mayores, que en febrero se ponen aún la camisa de franela de cuadros azules y van a los toros aunque subir los escalones del tendido les cueste Dios y ayuda. Pero es su plaza. Son sus fiestas. Son los toros y hay que sacar fuerza de donde sea. Y hablas con ellos. Y tienen miedo de lo que ven en las noticias. “Mis hijos han ido a la universidad porque he tenido que compaginar dos trabajos. Mi mujer tenía que ir a varias casas a limpiar. Y ninguno de los tres trabaja en lo suyo. Ahora dicen que no nos van a llegar las pensiones después de toda la vida sufriendo”. ¿Y por qué me dice eso un señor que no me conoce de nada? Porque la paciencia se agota y la sonrisa cuesta que salga. Aunque estemos en fiestas.

Entre suspiro y quejido, iban saliendo toros importantes de Montalvo. Qué gran corrida. Los dos primeros, dos láminas. Bajos, con cuello, humillando desde que salieron de chiqueros. Se los veía la penca del rabo. Perfectos. El primero fue un toro bravo. De premio pero el presidente no se enteró. El segundo se vino a menos pero tuvo cosas buenas. El cuarto iba con todo y se violentaba cuando tocaba los tratos. Con mucha clase, el quinto. Tercero y sexto, los de peor nota pero sirvieron para que Álvaro Lorenzo saliese en hombros. Una señora corrida de toros.

Y entre todo, Daniel Luque llegó a Valdemorillo con necesidad. Y cuando le aprieta el hambre al sevillano, torea de verdad. Qué buen torero. Estar a la altura del bravo primero es cosa de elegidos. Pedazo de toro, una pintura hecha para embestir. Inspirado con el capote, lo cuajó a la verónica, ganando terreno y toreando a compás. Con enjundia. Con la muleta, el de Gerena firmó una faena de altos vuelos que brilló al natural. Cuando quiere Luque, puede. O cuando quiere, Luque puede. Cuestión de comas que nos llevan al mismo lugar, que Luque es un gran torero y lo demostró en la primera de su temporada. Mató de un sopapo y cortó dos orejas rotundas. Sin un pero. Bueno sí, que Cantor-54 se fue con una ovación pero sin la vuelta al ruedo. El palco sabrá de reglamentos, de normas, pero no tiene ni idea de toros. Y eso que estos eran profesionales. La bronca del respetable aún resuena.

En el cuarto, Luque salió a poner orden al desorden. Brusco este de Montalvo, al que metió en el canasto, no sin algún enganchón, en los que se violentaba sobremanera. Aquí vimos a un torero en sazón, como se suele decir. A veces los tópicos son muy descriptivos. Otro espadazo sin puntilla y otra oreja al esportón. Ojo con Luque.

Álvaro Lorenzo y Daniel Luque, Puerta Grande en Valdemorillo
Álvaro Lorenzo y Daniel Luque, Puerta Grande en Valdemorillo I Foto: Espacios Nautalia 360

También salió en hombros Álvaro Lorenzo, que con el peor lote le cortó una oreja a cada uno. Su técnica para solventar problemas es de privilegiado. Al tercero, bajo y acapachadito, le hizo una faena sin alardes a la galería, para él y para el toro. Y la remató con un soberbio espadas. Fue tarde de estocadas, como la que recetó al que cerró la feria. Tremenda. Sin puntilla. El toledano volvió a imponerse a un animal complicado.

Una oreja cortó López Simón del quinto en Valdemorillo, otro gran toro de enorme calidad. El madrileño firmó una faena a más, hasta llegar a estar metido en los terrenos del toro, lo que llegó al público. Una estocada entera de efecto fulminante en la suerte de recibir al segundo encuentro fue la rúbrica. La faena al segundo, aunque con voluntad, tuvo largo metraje. López Simón se encuentra en un momento de búsqueda, de caminar y de encontrar. Esperaremos.

PD: La tarde fue de espadas afiladas, de grandes estocadas. En un momento en que la suerte suprema se ha convertido en eso, en una suerte pero en la acepción de azar, es un gusto ver hacer bien los tiempos, entrar por derecho y que rueden los toros sin puntilla. Hubo un tiempo en que el mero hecho de que sonara un aviso era una vergüenza para el torero. La estocada siempre fue una suerte fundamental, pero hoy vemos que se encuentra abandonada a eso, a la suerte. Bravo, toreros.

Plaza de toros de Valdemorillo (Madrid). Segunda de la Feria de la Candelaria. Tres cuartos de entrada. Toros de Montalvo, de excelentes hechuras y de buen juego, destacando el primero y quinto. Tercero y sexto, de peor condición.

Daniel Luque, dos orejas y oreja;
López Simón, ovación tras aviso y oreja;
Álvaro Lorenzo, oreja y oreja.

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