Capea-Robles, 50 años de competencia y torería

Capea y Robles, 50 años de una rivalidad apasionante

Hace ya 50 años, en 1972, se produjo una de las efemérides que marcarían la historia del torero de las dos décadas siguientes: dos toreros salmantinos, Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea” y Julio Robles tomaban la alternativa. El primero en Bilbao, el 18 de junio, y el segundo, un 9 de julio en Barcelona. Con Robles y Capea nació la Edad de Oro del torero charro. Una intensa rivalidad entre roblistas y capeistas: dos conceptos, elegancia y pundonor; dos historias, la de la gran figura y el buen toreo; y una gran tragedia. Ahí están los mimbres para un best seller.

Este viernes, estuve en San Martín de Valdeiglesias acompañando a Paco Cañamero en la presentación de su nuevo libro “Capea-Robles, 50 años de competencia y torería”. Una obra que nace desde la admiración a Julio Robles y el respeto al Niño de la Capea que marcaron un antes y un después en la tauromaquia salmantina.La Glorieta fue el epicentro de esta enconada rivalidad que elevo a su feria taurina a convertirse en una de las más importantes de España. Para muestra un botón: cuando Capea y Robles se encuentran por primera vez en el ruedo como novilleros en el año 71, Salamanca es una feria de tres festejos que tiene a El Viti como principal aliciente. Una buena feria de capital de provincia agrícola y ganadera. Diez años después, la feria cuenta con diez festejos donde en seis de los cuales se cuelga el cartel de No hay billetes.

La alcaldesa de San Martín de Valdeiglesias, junto a Paco Cañamero y un servidor

Los toreros de la generación de los años 70 viven en una situación muy peculiar. Aún están en el escalafón las figuras de los años 60 que dominaron el toreo con puño de hierro. El Viti, Paco Camino, Diego Puerta o El Cordobés. Además, se encuentran con que en el año 73 las autoridades instauran el guarismo para acabar con los excesos de lidiar novillos en lugar de toros. El toro crece y se cae. La prensa es durísima. El público, intransigente, sobre todo, en Las Ventas donde hay un clima irrespirable. Y la sociedad está caminando en la incertidumbre ante el inminente final del franquismo.

Excepto Capea y Manzanares, que gozan de condición de figura desde el primer momento, hay que esperar a los años 80 para contar la explosión de Espartaco o Paco OjedaLa movida madrileña entra en una plaza de toros al rebufo de Antoñete. Las muertes de Paquirri y Yiyo muestran que en el toreo se muere de verdad. Ahí está la feria de San Isidro de 1985, una de las mejores de todos los tiempos.Con estos mimbres surge una rivalidad histórica en la que os recomiendo que profundicéis. Este año también se publicó otro excelente libro sobre esta efeméride: Historia de una rivalidad, de Domingo Delgado de la Cámara.

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