La crueldad con que el toreo trata a un hijo

La sangre manaba por el muslo derecho de Ginés Marín mientras veía como doblaba el tercero de El Parralejo. Ni un gesto de dolor, ni cojera que desvirtuase su figura de torero monumental. Ginés solo sentía el calor viscoso de la sangre recorriendo su pierna derecha. Ya llegaba por el tobillo. El color oscuro auguraba tabacazo. -La crueldad con que el toreo trata a un hijo-.

Con el toro arrastrado por las mulillas, el extremeño, nacido circunstancialmente en Jerez de la Frontera hace 25 años, se lavó la cara con el agua que le ofreció su mozo de espadas y cogió el capote y la montera para agradecer la ovación que le tributó el respetable. El boquete, de varios centímetros de diámetro en la parte anterior del muslo, brillaba como el nacimiento de un manantial. Con el trabajo cumplido, se fue por su propio pie a la enfermería con cara de satisfacción por el deber cumplido.

Ni la decadencia ni los nuevos valores que están implementando en nuestra sociedad, donde quieren desterrar el esfuerzo y el sacrificio, o el alejamiento de la muerte por el que ha optado Occidente en busca de una inmortalidad que nunca llegará, pueden ocultar la heroicidad del 15 de mayo en Las Ventas. ¿Ahora entienden por qué se ha alejado del toreo una sociedad que busca la satisfacción inmediata? No pueden entender lo que sucede en una plaza de toros. Hoy, todas las experiencias de ocio buscan la recompensa ya. Pensar poco y disfrutar. En la tauromaquia no. Para vivir un festejo taurino hay que formarse, escuchar, reflexionar y saber esperar. En el viaje del aficionado se encuentra con el fracaso, el dolor, la angustia, la sangre y, de vez en cuando, alcanza el clímax de la gloria. Pero el triunfo no es el objetivo, si no la consecuencia.

En la puerta de la enfermería estaba esperándole su padre vestido de luces. Guillermo Marín es picador de su cuadrilla y ha vivido en primera persona la crueldad con que el toreo trata a un hijo. Su cara transmitía serenidad, la procesión va por dentro. No hizo falta ni una palabra. Se cruzaron la mirada y Guillermo dio un beso en la mejilla a Ginés. Azul turquesa y oro frente a un verde oliva y oro. Padre e hijo. Guillermo se arrepiente de que su hijo sea torero cada vez que está entre los pitones de su asesino pero cuando le vio llegar, henchido de amor propio, con paso firme a pesar del muslo partido, sintió el orgullo de un padre que ha conseguido transmitir los valores por los que merece la pena vivir.

Cornada de dos trayectorias de 25 y 20 cm.

Parte médico de Ginés Marín: «Herida por asta de toro en el tercio medio del muslo derecho, con orificio de entrada por cara anterior y con dos trayectorias: una ascendente de unos 25 centímetros que alcanza el anillo inguinal y contusiona la arteria femoral, y otra transversal de 20 centímetros que lesiona el recto anterior y presenta orificio de salida en cara lateral del muslo. Es intervenido quirúrgicamente bajo anestesia general y traslado al Hospital La Fraternidad Muprespa. Pronóstico grave que le impide continuar la lidia».

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