Daniel Luque

A Daniel Luque no se le escapó el tren de las nueve

Las lágrimas de Daniel Luque corrían por sus mejillas cuando salía de la suerte suprema. Sabía que la espada había caído arriba y solo era cuestión de segundos que el toro cayese sin puntilla. La mirada no llegaba a ser de felicidad, en sus ojos había nostalgia. Quizá la gloria, cuando cuesta tanto, tiene más de satisfacción personal que de alegría. Y de recuerdo. -Daniel Luque abre la Puerta del Príncipe-.

El camino no ha sido fácil. La eterna promesa, llegar antes de tiempo, la bravura de la juventud. Quedarse en casa sin torear. Volver a los pueblos. Triunfar en Francia donde se enteraron primero que Daniel estaba de vuelta. 2019, 2020, 2021. «¿Has visto a Luque?». «A Luque no se le vuelve a escapar el tren». «¡Cómo ha estado Luque». «El día que le salga el toro a Luque». Hasta el 28 de abril de 2022. 

¿Le salió el toro a Luque? Los toros de El Parralejo fueron para toreros machos. No le regalaron ni una embestida. El primero le intentó arrancar la femoral pero se quedó en la taleguilla y entre que salía con la cara alta y reponía yendo con todo, el sevillano se quedó muy quieto y tragó. Tanto fue así que emocionó al tendido. Cuánta verdad. Oreja y a la enfermería con una paliza terrible.

Derechazo de Daniel Luque al sexto de la tarde l Maestranza – Pagés

Salió a matar el sexto, un derroche de valentía. Luque nos explicó muletazo a muletazo, tanda a tanda, el camino de su vida. Firmeza, personalidad, tesón, amor propio. ¡Rotundo! Un cambio de mano tuvo la profundidad y la hondura de torero de poderío. Todo ligado en una baldosa. Incluso las bastas luquesinas tuvieron un remate dorado. Y después la estocada, las lágrimas, la mirada perdida. Sevilla no cantó, ni paladeó, ni estuvo para cursilerías. Sevilla valoró a un torero cuajado y una faena comprometida. El presidente sacó los dos pañuelos a la vez.

Daniel Luque cruzó la Puerta del Príncipe con media sonrisa. Ni un aspaviento triunfal, ni una mueca de guasa. La mirada de nostalgia contenía su felicidad. Luque se hizo gigante mirando al Guadalquivir, en hombros de su amor propio. A Luque, hoy sí, no se le escapó el tren de las nueve.

Así fue la Puerta del Príncipe de Daniel Luque en Sevilla.

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