desescalada

Diario de un confinado (XLIII). Inmortales

Domingo, 26 de abril. Cuadragésimo tercer día desde que se decretó el Estado de Alarma nacional. -Lee Inmortales-.

¿Quién dijo responsables? Parques llenos, familias enteras paseando, encuentros de niños y padres que intercambian palabras sin respetar la distancia de seguridad. Sin mascarillas ni guantes. Padres sentados en los bancos del parque. Pelotas rodando por el suelo, bicicletas y patinetes rodando por vaya usted a saber dónde. El tobogán de la urbanización de enfrente con lista de espera. El primer día de la salida de los niños ha sido bastante desalentador. ¿Y la culpa es de los niños? No. ¿La culpa es de los políticos? No. Padres, sois unos irresponsables.

Ojalá dentro de 15 días no tengamos que ver las consecuencias de este desenjaule. El pueblo ha perdido el miedo al enemigo invisible. Gran parte de la culpa la tienen los medios que insisten en un mensaje falso que pretende transmitir tranquilidad y lo que hace es dar una sensación de falsa seguridad. Si se hubiesen dado un paseo por una UCI, esos irresponsables irían con pies de plomo.

Hoy, los sanitarios pidieron silencio a las 20h. No les están haciendo test como antes no les dieron el material que necesitaban para estar en la primera línea. Esa es la auténtica verdad. Mis respetos a todos los que se han jugado la vida, a todos los que han caído, con el consentimiento del Gobierno que tendrá que ser juzgado. 

Oreja y siesta

¡Qué siesta, señores! De las de despertarse y no saber ni dónde ni cuándo. Con pijama y persiana bajada, por supuesto. La siesta cochinera. Coger el sueño esta noche va a ser de traca pero que nos quiten lo “bailao”.

Antes, me he iniciado en el maravilloso mundo de la oreja de cerdo. Lo había comido pero nunca lo había preparado y como hacer la compra online es un peligro manifiesto, me había hecho con un paquetito de oreja adobada. ¡Qué cosa! Tomen nota de la receta porque la van a repetir. 

Lo primero es el sofrito nuestro de siempre. Ajo, cebolla, pimiento rojo y pimiento verde. Que sude tranquilamente. Añadimos un chorizo en rodajas y un taquito de jamón también en cuadraditos. Removemos. Es el turno de la guindilla al gusto. Un poquito de alegría que va a llevar al guiso a otra dimensión. 

Incorporamos la oreja y removemos. Subimos el fuego para que chisporrotee. Una vez que se han mezclado los sabores, echamos un vaso de vino blanco y esperamos a que se evapore el alcohol. Cómo huele. Qué maravilla. Apartados tenemos seis o siete tomates rayados. Es su momento. Los incorporamos y dejamos que cueca una media hora. Cuando veamos que el tomate está listo, lo tendremos preparado. El resultado es inmejorable.

Después de 43 días confinados, seguimos creyéndonos inmortales. El ser humano no tiene remedio.

Diario de un Confinado

Diario de un Confinado XXXIII. Talento sin paguita.
Diario de un Confinado XXXIV. Volvamos al huerto.
Diario de un Confinado XXXV. El patetismo.
Diario de un Confinado XXXVI. Populismo de balcón.
Diario de un Confinado XXXVII. La profecía.
Diario de un Confinado XXXVIII. Asamblea estudiantil.
Diario de un Confinado. XXXIX. El vagamundo.
Diario de un Confinado (XL). Cuarenta.
Diario de un Confinado (XLI). Los Trileros.
Diario de un Confinado (XLII). Las Virtudes.
Diario de un Confinado (XLIII). Inmortales.

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