¿Y si no lo vuelve a hacer?

Pisar por primera vez una plaza de toros es algo muy especial y tiene algo de rito. Lo primero, destocarse. Los hombres ya no usan sombrero, a menos que sea un “panamá” de un dineral. Como la cubana, una camisa señorial que había que encontrar en anticuarios o que se mandaban hacer y que hoy han profanado unos cuantos.

Otro ritual es recorrer la circunferencia exterior, al menos, en dos ocasiones. La primera es para ubicarse, descubrir la Puerta Grande, la de Cuadrillas o los corrales. También es el momento de la taquilla. Y la segunda es para recrearse. Todas las plazas tienen algo que las hace únicas. Y tan únicas como su arquitectura, y más aún, los momentos que se viven en ella.

El viaje desde Cuéllar pesaba cuando dejamos atrás Osuna para comenzar esas endiabladas curvas que tuvieron el premio de llegar a Ronda. El encuentro con El Niño de la Palma y con Antonio Ordóñez dejaba un suspiro. Por fin. Ir a los toros a Ronda no es cosa baladí. La historia se respira a cada paso. Aires de Pedro Romero que inspiraron al Goya más torero.

Y esas cosas que tiene el destino, por la tarde nos esperaba una novillada sin caballos con el futuro de Ronda en juego. ¿Y si Cayetano López o Moli de Ronda se vistan algún día de Goyescos para torear tan preciada tarde? Privilegio de muy pocos toreros. Más que un sueño. Un milagro. Porque llegar para llegar a ser torero deben alinearse mil y una circunstancia pero llegar a ser figura es un privilegio al alcance de los elegidos.

El “sabor” de Ronda lo hacen lo detalles. Nada se escapa. Los toreros -hoy con el traje de luces- lucen sus mejores galas. Los banderilleros, perfectamente vestidos. Si su traje es demasiado viejo, lo piden prestado. Hoy es día grande. Los tendidos, guapos. Hasta el tiro de mulillas tiene solera. La banda de música pone los pelos de punta. El silencio. Cuidar el rito y respetarlo es el primer paso para que la Fiesta no muera nunca.

La novillada de Torrestrella tuvo tres novillos excepcionales, los tres primeros, y tres más exigentes. Y de los novilleros pudimos apreciar y atisbar cualidades que ilusionan: la sevillanía y el toreo por abajo de Antonio Romero, el temple de Cayetano López y el gusto exquisito de Moli de Ronda, que puso patas arriba la función.

Y qué sensación debe ser la de emocionar. Y que todo surja el día que tiene que salir. Moli de Ronda apenas lleva cinco minutos pero transmitió al tendido porque siente el toreo. Es distinto. En su fragilidad radica el misterio. Pero se coloca ahí delante y salta la chispa. ¿Más ajuste? ¿Más templado? Esto solo es el principio. ¿Y sabéis cuál es el mayor misterio del toreo? Que no sabemos si Moli de Ronda lo volverá a hacer.

Real Maestranza de Ronda (Málaga). Primera de la Feria de Pedro Romero. Media entrada. Novillos de Torrestrella, de buenas hechuras y de buen juego. Excepcionales los tres primeros, más exigentes los tres últimos. Antonio Romero, oreja y ovación tras aviso; Cayetano López, oreja tras aviso y ovación tras dos avisos; y Moli de Ronda, oreja tras aviso y palmas tras dos avisos.

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