Una sorpresa inesperada

El duelo ganadero entre los hierros de la misma casa, Marqués de Quintanar y Los Derramaderos, tuvo un invitado inesperado: Jazminero-44, de Peñajara. No estaba previsto que el espectacular burraco saliese al ruedo sotillano, pero un toro rechazado por la mañana por tener una cornada y una gran protuberancia provocaron este inesperado azar.

Y menos mal. Los toros del Marqués de Quintanar, de espectacular lámina colorado primero y tercero, chorreado en verdugo, y castaño el segundo, bien armados, enseñando las palas el primero, con la cara hacia delante pero rematadísimo el segundo y abriendo la cara el tercero, no respondieron al juego esperado. La falta de fuerza y la mansedumbre fueron la tónica dominante. Mientras que los dos de Los Derramaderos -cuarto y sexto-, de terroríficas puntas dieron mejor juego: con movilidad y duración pero sin clase el cuarto y noble y para apostar más por él, el sexto. Sin duda, fue el quinto de Peñajara el que se llevó el duelo.

Humillado, profundo y con clase, el pitón izquierdo de Jazminero-44 quería todo por abajo, sin un tirón. Se violentaba si punteaba la muleta o, incluso, en los de pecho. Nada por alto. Todo suavidad. Miguel Ángel Pacheco combinó momentos de lucidez con otros de dudas. La exigencia nunca es fácil. Y como lo cazó a la primera, el público amigo le pidió una oreja -a todas luces petición minoritaria- que fue concedida sin ningún rigor. Si hay exigencia en el toro que se lidia, debe haberlo también en el palco. Por respeto a la tauromaquia, al público y al toro. Mención especial merece la cogida que sufrió el banderillero Ángel Mayoral en la tronera del burladero, contra la pared de piedra del coso de El Teso. Segundos angustiosos, con los pitones perdiéndose por el pecho. Afortunadamente, todo quedó en un susto.

La Puerta Grande fue para Sánchez Vara. Su oficio y disposición en los tres tercios le hicieron valedor de una oreja en cada toro, con dos faenas distintas. La del primero fue la de consentir e imponerse al manso y la segunda se basó en la mano derecha. Otra oreja cortó El Adoureño del sexto tras una faena populista, de guiños al público y de poco contenido. Oreja liviana tras una estocada habilidosa.

Sotillo de la Adrada (Ávila). Tres cuartos de entrada. Tres toros de Marqués de Quintanar, 1, 2 y 3, de imponente lámina pero de poco juego. Mando el primero; parado y con peligro el segundo y con gran calidad pero sin fuerza el tercero; dos de Los Derramaderos, 4 y 6, con movilidad y duración, el quinto y nobleza, el sexto; y uno de Peñajara, 5, exigente, con gran pitón izquierdo y que lo quiso todo por abajo. Sánchez Vara, oreja; Miguel Ángel Pacheco, silencio y oreja; y El Adoureño, silencio y oreja.

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